Tomó el papel y comenzó a releer aquello en lo que había trabajado durante todo el día.
“Sus manos comenzaron a sudar. Jugueteó con llaves un instante y luego las dejó junto al teléfono. No estaba convencido de atender aquella llamada, quizás con la carta había sido suficiente. Sintió miedo. Ella había confiado en él, considerándolo su único amigo. Su relato aún lo estremecía. Sonó el teléfono y debieron transcurrir tres minutos hasta que finalmente se animara a atender. Respondió con monosílabos y cortó la comunicación. La expectativa era inmensa en el estudio de radio y por ello, la entrevista se llevaría a cabo durante la última media hora del programa. Encendió otro cigarrillo que dejó extinguirse en el cenicero sin darle siquiera una pitada…”
Permaneció pensativo. Se sentía torpe y confundido. El final de la obra lo tenía a maltraer, debía encontrar un final propicio para el mundo construido y así concluir con su tormento, por momentos lo sentía cerca y de pronto se estancaba otra vez. En conclusión, le faltaba todo y nada. Sin embargo, ese sitio lo tranquilizaba, el lugar le transmitía cierta mística. Ubicado en el medio del caos, estaba protegido por un campo de fuerza o algo así. Se había instalado ahí en sus dos novelas anteriores y había obtenido excelentes resultados.
Dejó la hoja sobre el escritorio y se dirigió hacia la cocina a preparar su quinta taza de café del día. Mientras lo preparaba comenzó a escuchar extraños ruidos. Primero en el pasillo y luego en el departamento de arriba. Aguardó un instante anhelando que los ruidos desaparecieran y como ello no ocurrió salió al pasillo donde comprobó la peor de las hipótesis: un matrimonio de obesos y sus dos hijos, también obesos, acababan de convertirse en sus nuevos vecinos.
-Mucho gusto buen hombre. Permítame presentarme, soy Ricardo Campanelli, si ese mismo buen hombre de Campanelli Society, el del comercial Campanelli Society. Si bien es cierto, ahora no estoy en hora buena y la crisis me afectó como a todos. A propósito ¿usted a qué se dedica? Por lo que veo seremos vecinos. Muy buenos vecinos, de los mejores sin dudas. ¿Siempre vivió aquí? Yo me crié acá a la vuelta ¿sabía? Usteddijo que se llamaba… Mire, ahí están mis niñitos, que hermosos grandulones y bien fornidos son. Con esto de la mudanza, la tercera del año, ¿qué más puede hacer uno en tamaña crisis? Como le decía, con la mudanza los niños están algo excitados y usted sabe como son los niños. A propósito usted ¿tiene niños? Son maravillosos, ¿verdad? Aunque a veces le dan cada disgusto a uno, en fin son eso nada más y nada menos: niños, los adultos del mañana, ¡qué frase! que barbaridad, hoy estoy inspirado. Como le decía, mis pequeños tienen 12 años, ya sé buen hombre que parecen más grandes pero tienen apenas 12 añitos, quien pudiera ¿no? que etapa maravillosa de la vida, qué opina usted, mi estimado… Vaya pues que usted resultó ser un hombre callado y algo misterioso, eso es muy bueno. Como le decía, el nene se llama Ivancito y la nena Carlotita, son mellicitos ¿sabe? Si usted supiera lo que es criar dos a la vez, ¡mama mía! Hay que alimentar a estas criaturas en un período de inflación-crisis-deflación-desocupación récord. Arriba está mi señora, aguardando por mí, no lo tome a mal pero usted está aquí reteniéndome. Es mi compañera, confidente, amante, ja, ja, ja. Como le decía, mi señora se llama Bety y ya llevo 25 añitos aguantándola… era un chiste! Pero hombre, no se ponga así… Confío en usted y por eso me tome ese atrevimiento. Ahora, como caballeros que somos estoy seguro que usted no le va contar el chiste, porque sino… Escúchela, siempre grita así, cualquiera pensaría que es un ogro pero yo digo que ella es como el coco, ¿sabe por qué yo le digo coco?: dura y fea por fuera y dulce por dentro, ja, ja, ja. Lo dejo buen hombre, las obligaciones y el deber me llaman, soy un hombre de bien y cuando un hombre se precia de tal debe ir ante el llamado del deber. Un placer haber hablado con usted, presiento que es el inicio de una amistad verdadera, de esas que escasean en estos tiempos de crisis e insensatez. Hasta prontito buen hombre. Adiós. -
Regresó rápidamente al departamento y se sentó frente a la vieja máquina de escribir.
“Levantó al tubo y marcó dos números. Colgó. Alguien llamaba a la puerta. Se bloqueo. No debían llamar a la puerta, el cartel “Pase sin golpear” era claro y visible. Nunca antes un cliente había golpeado la puerta para ingresar. Recordó las advertencias de la mujer pero él le había dado su palabra. Verificó que su navaja estuviese en su bolsillo y fue abrir la puerta. Nadie esperaba del otro lado, todo estaba en silencio y oscuro. El letrero funcionaba perfectamente y el bar ya estaba cerrado. Se sentó nuevamente en el sillón con la firme intención de…”
Cuando terminó de escribir supo que el paraíso había desaparecido para siempre. Estaba abrumado porque asomarse al pasillo había sido como pasar del cielo al infierno sin escalas. Sintió el campo de fuerza que lo protegía, había sido eliminado para siempre.
(continuará)
2010-05-21
Comentarios :
andrea (2010-05-20): impecable! me hizo acordar -salvando las distancias, claro está- a la narrativa y personajes de los hermanos cohen.. buenísimo!
Padrino George (2010-05-23): Muy buena narración, que nos deja ansiosos de leer la continuación.