4 de Septiembre
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Las velas

Cuento.



Los acontecimientos que se narran a continuación se llevaron a cabo en un deteriorado edificio de un aislado e ignoto pueblo surgido a orillas del ferrocarril.

 

En la mencionada Torre, identificada con el número 3, solo la mitad de los departamentos de su planta baja estaban habitados. Benito Valdemarín lo hacía en el 1 A y enfrente, en el 1 B, vivía el señor Gutiérrez. Los hombres habían llevado adelante durante mucho tiempo, una sólida amistad. Por cuestiones del destino – que no vienen al caso desarrollar en el presente relato – ambos quedaron viudos el mismo día, el último 29 de febrero. Desde ese momento los hombres no volvieron a hablarse y jamás salieron del edificio.

 

Un mes después de aquellos trágicos acontecimientos se originó en el edificio una extraña interrupción en el servicio eléctrico. El corte generado a las 21 hrs, se extendió por 5 minutos.

 

Al día siguiente se produjo otro corte, aunque esa vez se prolongó cinco minutos más que en la jornada anterior. En la noche tercera se repitió el apagón pero en esa ocasión transcurrieron quince minutos hasta que volvió hacerse la luz. En el día cuatro se sucedieron veinte minutos sin electricidad. Todos los cortes se producían siempre a la misma hora. A las 2125 del quinto día, ya con el servicio restablecido, todos los habitantes del edificio, a excepción de los otrora amigos, se reunieron y le exigieron al portero una asamblea con carácter de urgencia.

 

Ante la inquietud general, el portero se mostró preocupado y les informó a todos los presentes que se había contactado con la empresa que suministraba el servicio, quiénes aseguraban que en el lugar no se habían detectado defectos técnicos. En la computadora de la empresa no figuraban los cortes, por lo tanto, el sistema funcionaba correctamente al momento de producirse los cortes. Además los cables y los tomas se encontraban en perfecto estado. No tenían dudas de que alguien con conocimientos técnicos específicos había provocado las interrupciones.  

 

Alguien preguntó por los hombres de la planta baja ya que eran los únicos ausentes. El encargado los apreciaba y los excusó aduciendo que ellos estaban atravesando, en lo particular, un momento difícil de sobrellevar.

 

No conforme con ello, otro de los asambleístas se refirió acerca de su diálogo con uno de los dos, concretamente con el anciano del 1 A. Así, el joven del primer piso, captó rápidamente la atención de todos, y describió minuciosamente el accionar de Benito en los minutos previos de concretarse las interrupciones. El ritual del antiguo ferroviario consistía, como primera medida, en colocar cuatro velas blancas en la puerta de su departamento para impedir el ingreso del fantasma Hugo, que según sus propias palabras, iba por él porque lo creía débil tras la partida de su esposa Elvira. La segunda etapa de su defensa implicaba armar un círculo con velas rojas alrededor de su sillón donde él lo aguardaba sentado, rodeado de sus siete gatos. El fantasma le temía a los felinos. Sin embargo, con ello no alcanzaba para detener sus arremetidas, ya que el espectro no actuaba solo, sino que contaba con un aliado incondicional, el señor Gutiérrez.

 

Las palabras del muchacho no tuvieron un alto grado de credibilidad entre los presentes. Causó gracia en algunos y mucha bronca en otros. Entonces, con el fin de no desvirtuar la reunión se definió un encuentro al día siguiente en caso de que se repitiese el corte.

 

A las nueve menos diez de la sexta noche, el portero interceptó en la entrada del edificio a Benjamín Valdemarín. El muchacho era el único hijo del ochentón del 1 A y se encargaba de llevarle sus provisiones diariamente. El listado abarcaba frutas, verduras, algo de carne, algún dulce y sobre todo, abundante alimento balanceado para gatos. En los últimos días su padre le había agregado al listado velas blancas y velas rojas. Aquella noche, a causa de su amnesia, había omitido la compra de las velas blancas.

 

El portero estaba preocupado por la salud de Benito y le contó al muchacho lo conversado en la reunión. El menor de los Valdemarín lo escuchó atentamente disimulando cierto interés y compromiso. Le prometió al encargado hablar con su progenitor sobre el asunto. Sin embargo, al concluir la charla se olvidó de todo. Estaba demasiado confundido desde la muerte de su madre. El último mes su amnesia se había agravado y sus desmayos ocurrían con mayor frecuencia.

 

Al abrir la puerta del departamento de su padre, los siete gatos salieron a su encuentro, rodeándolo en una atmósfera lúgubre. El olor a pis era insoportable.

 

Lo primero que el anciano hizo fue pedirle las velas. Lo maldijo hasta cansarse al enterarse de la falta de velas blancas. Sin esa contención, el espectro ingresaría fácilmente al departamento. Benjamín se enfureció porque estaba harto del maltrato del viejo. A su madre también la insultaba. Tenía ganas de golpearlo hasta asesinarlo. Y a la hora señalada, todo se volvió oscuro.

 

Un vendaval se desató sobre el apartamento. Los gatos maullaron y sacaron sus garras, dispuestos a defenderse. Los insultos de los inquilinos retumbaron por todo el edificio.

De pronto, todo se silenció allí dentro. Lo único que se escuchó, minutos más tarde, fue el ruido que hizo Benjamín al momento de desmayarse.

 

Al despertarse, encendió la luz. Sólo había muerte y desolación a su alrededor. Decenas de gatos destrozados por todo el lugar. De su padre no había rastros en el lugar. Entonces salió al pasillo en su búsqueda. Manchas de sangre y gritos lo condujeron hacia la terraza. Allí lo encontró crucificado, acostado y desnudo dentro de un círculo de velas negras.

 

-Debí hacerlo. Él se lo merecía. Además, descubrió el secreto. Primero fueron ellas y luego él. Esta es la pequeña venganza de mi pequeño Benjamín, el hijo que nunca tuve - Dijo el señor Gutiérrez, surgido por detrás del joven.

-No lo hagas por favor - Suplicó el muchacho sin voltearse, y de inmediato, se desmayó.

 

Cuando Benjamín abrió los ojos, observó cómo el portero lo ayudaba a incorporarse. Faltaba un minuto para las 21hrs.



2010-07-16

Comentarios :

Rosa (2010-07-16): Muy bueno!

Padrino George (2010-07-17): Muy bueno, de calidad (en serio!)

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